Lunes, 01 Septiembre 2014

Joven se suicidó luego de confesar que mató a su vecino

Se trata de Rubén Alejandro Vargas, de 29 años, quién primero confesó a un vecino que él era el asesino del joven que se encontraba desaparecido desde el miércoles.

También le reveló que el cuerpo estaba en proximidades del santuario del Gauchito Gil. En dicho lugar, cerca de las rutas 3 y 26, el sábado fue hallado el cadáver de Cristian Espinoza, con una puñalada en el corazón.

Ese mismo día, la Policía allanó la casa de Vargas, pero no estaba. Este domingo a la mañana fue encontrado ahorcado en la vivienda de su madre. Junto a su cadáver había una carta en la que confesaba el asesinato.

A Rubén Vargas lo encontró muerto su hermano, ayer pasadas las 11:30. Estaba colgado ahorcado en un galpón de la casa de su madre, en la calle Jorge Reyes al 1.200, del barrio Abel Amaya. Junto a él había una carta escrita de puño y letra, donde confesaba su desgracia: había matado a su vecino Cristian Espinoza, y se arrepentía.

De acuerdo a la información recabada por Diario Patagónico, Rubén Alejandro Vargas, de 29 años, era padre de cinco hijos, estaba casado, desocupado y vivía en una precaria vivienda del Código 860 del barrio Abel Amaya.
Espinoza, de 30 años, era padre de dos hijos, estaba casado y trabajaba como cañista. También vivía en la calle Código 860, justo al frente de la Vargas y el miércoles sobre las 21 había decidido ir a tomar una cerveza con él.

A las 2 de la mañana del jueves, Espinoza habría mantenido una comunicación con su mujer. De ahí en más es materia de investigación judicial lo que ocurrió entre él y Vargas, ya que según la carta que dejó este último, tuvieron una discusión y le asestó una puñalada mortal a la altura del corazón.

La ausencia de Espinoza desde que salió la noche del miércoles de su casa, preocupó a sus familiares, quienes hicieron la denuncia de búsqueda de paradero. Mientras, a los oídos de la viuda llegó el dato de que a su marido lo había matado un tal Vargas y que lo había tirado cerca del santuario del Gauchito Gil.

También se conoció que el mismo Vargas se encargó de divulgar el rumor entre los vecinos y por esa razón los familiares de Espinoza salieron el sábado por la mañana a buscar a su ser querido. Primero acudieron a un santuario que está en la zona de cañadones ubicado al oeste de Los Tres Pinos, pero allí no hallaron ningún indicio.

Después partieron hacia el santuario que se encuentra en inmediaciones de la rotonda que une las rutas 3 y 26. Allí, unos 300 metros al sur de la gruta, sobre el faldeo del cerro y entre unas matas estaba el cadáver de Espinoza boca arriba. Lo encontró una de sus primas. Tenía una puñalada en el costado izquierdo del pecho. También registraba golpes en la cabeza y algunas heridas en su rostro.

La Policía de Rada Tilly tomó parte junto a la Seccional Quinta de Comodoro Rivadavia, al igual que la fiscal de turno. Desde un primer momento, se descartó la hipótesis de robo como móvil del crimen porque Espinoza tenía en su poder un teléfono celular, el calzado, un encendedor y hasta cigarrillos. Incluso, según fuentes policiales no se evidenciaba en sus nudillos marcas de alguna pelea o de haberse defendido con sus uñas.
Tras conocerse la revelación de Vargas a vecinos, la Brigada de Investigaciones junto a la Seccional Quinta allanaron su vivienda el mismo sábado, pero no encontraron a nadie.
Mientras se lo buscaba intensamente, ayer a las 11:30 fue encontrado ahorcado con un cable de alambre en un galpón de la casa de su madre.

LA CARTA
Junto al cuerpo de Vargas, la policía halló una carta escrita de puño y letra donde el hombre pedía disculpas a los familiares de Espinoza por lo que había cometido. Señalaba que se arrepentía de ello como así también de muchas otras cosas que había hecho en su vida.

Según las fuentes consultadas por este diario, en la carta Vargas reconoció haber asesinado a Espinoza luego de una pelea, pero no habría revelado los motivos de dicha pelea.
Padre de cinco hijos, Vargas también le pedía en la carta a cada uno de ellos que se portaran bien y además se despedía de su mujer.

Su hermano fue quien lo encontró cuando ayer por la mañana salió a darle de comer a los perros. Incluso, durante la madrugada el hombre había escuchado ruidos en el galpón, pero no les había prestado mucha atención, se precisó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: El Patagónico

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Radio Online
Banner
El clima en Pto. Madryn
Banner
.